jueves, 10 de mayo de 2012

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Empezó a parpadear una luz roja dentro de tu pecho, algo iba mal.  ¡Ya te avisé, pero no quisiste escuchar! Dijo. Y con una cuenta atrás explotó en un millón de falsos sentimientos. Y quizá tenía razón y no supiste escucharlo. Tu corazón se pudrió después de regarlo con falsas ilusiones. Tan falso como el “oro” que puede llevar un gitano colgado al cuello pero igual de reluciente como sus ojos al mirarte. Y tonto de ti compraste todos los collares que te vendió escondidos detrás de la verdadera joyería que no mentía. Confiaste firmemente en lo que veías y echaste a correr alejándote de aquel lugar. ¡Qué fácil y gratificante ha sido! Pensaste. Y ahora esos sentimientos colgados de tu cuello te dan alergia. Y te diste cuenta que lo que veías firme nunca lo sentiste así y quizá la luz empezó a parpadear dentro de tu pecho con un sonido atronador pero en ese momento llevabas tapones y te vendaste los ojos a conciencia porque la realidad era más difícil de tragar. Y desapareció el espejismo del bello oasis. Pero eh! No, no te desanimes detrás de un adiós hay un nuevo hola, aprendiste que las primeras ilusiones nos engañan y realmente no merece tanto la pena como pensamos en ese momento.
Mira en tu  estantería, ya tienes en tu biblioteca personal “como aprender a pensar con el corazón y a sentir con la cabeza”. 

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