Empezó a parpadear una luz roja dentro de tu pecho, algo iba
mal. ¡Ya te avisé, pero no quisiste
escuchar! Dijo. Y con una cuenta atrás explotó en un millón de falsos
sentimientos. Y quizá tenía razón y no supiste escucharlo. Tu corazón se pudrió
después de regarlo con falsas ilusiones. Tan falso como el “oro” que puede
llevar un gitano colgado al cuello pero igual de reluciente como sus ojos al
mirarte. Y tonto de ti compraste todos los collares que te vendió escondidos
detrás de la verdadera joyería que no mentía. Confiaste firmemente en lo que veías
y echaste a correr alejándote de aquel lugar. ¡Qué fácil y gratificante ha
sido! Pensaste. Y ahora esos sentimientos colgados de tu cuello te dan alergia.
Y te diste cuenta que lo que veías firme nunca lo sentiste así y quizá la luz
empezó a parpadear dentro de tu pecho con un sonido atronador pero en ese
momento llevabas tapones y te vendaste los ojos a conciencia porque la realidad
era más difícil de tragar. Y desapareció el espejismo del bello oasis. Pero eh!
No, no te desanimes detrás de un adiós hay un nuevo hola, aprendiste que las
primeras ilusiones nos engañan y realmente no merece tanto la pena como
pensamos en ese momento.
Mira en tu
estantería, ya tienes en tu biblioteca personal “como aprender a pensar
con el corazón y a sentir con la cabeza”.
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