Me quedé con los pies fríos. Como un libro con las hojas
arrancadas. Como tú la primera vez.
A veces hace falta valor, echarle tres pares de cojones y
doblar la incertidumbre, el miedo y tirarlo por la ventanilla del coche, mirar
por el retrovisor y ver como vuela en dirección contraria a la tuya. ¡Qué narices! ¿Por qué no lo has hecho? Ni siquiera has intentado correr y subirte al
último vagón, has preferido esperar al siguiente. Y así fue como la victoria
vino a visitarme porque le pillaba de paso y según se marchaba me susurro al
oído que eres un cobarde.
“Qué la suerte te acompañe”
y te sepa bien, pero recuerda que no es plato de buen gusto ser el
segundo.
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