sábado, 28 de abril de 2012

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Me quedé con los pies fríos. Como un libro con las hojas arrancadas. Como tú la primera vez.
A veces hace falta valor, echarle tres pares de cojones y doblar la incertidumbre, el miedo y tirarlo por la ventanilla del coche, mirar por el retrovisor y ver como vuela en dirección contraria a la tuya.  ¡Qué narices! ¿Por qué no lo has hecho?  Ni siquiera has intentado correr y subirte al último vagón, has preferido esperar al siguiente. Y así fue como la victoria vino a visitarme porque le pillaba de paso y según se marchaba me susurro al oído que eres un cobarde.
“Qué la suerte te acompañe”  y te sepa bien, pero recuerda que no es plato de buen gusto ser el segundo.  

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