¿Y que pidió la ilusión? Lloraba desconsolada
porque al parecer nadie sabía que todo lo que ella quería era lo que no pedía.
No entendía cómo era posible que fuera tan complicado si ella lo hacía. Y allí
me la encontré, en ese rincón desolado, acurrucada gritando con la mirada que
nadie era capaz de entenderle pero yo le comprendí. Nos emborrachamos en la
taberna más cercana ahogándonos en los
vasos llenos de sentimientos que la tristeza nos servía detrás de aquella
barra. Y allí fue cuando eche de menos muchos momentos pasados y eche de más
los presentes. Ella me miró, y brindamos. Sí, brindamos por que algún día las
dos encontrásemos aquello que nadie era capaz de ofrecer.